Idae Ros

Cubierta de La tienda de hechizos (The Spellshop), de Sarah Beth Durst

Reseña de La tienda de hechizos (The Spellshop), de Sarah Beth Durst

Cubierta de La tienda de hechizos, de Sarah Beth Durst

Hay veces que un libro te deja el alma inestable y medio rota… y necesitas otro que la recomponga. Para recuperarme, busqué una historia de fantasía cozy (reconfortante, aunque suele usarse el término en inglés para el subgénero) y la elegida fue esta.

¿De qué va La tienda de hechizos?

Cuando estalla una revolución y la biblioteca real arde, la bibliotecaria Kiela huye con todos los libros que puede salvar. Libros llenos de hechizos que el reino no quiere que lleguen a manos de la gente común, porque la magia solo está permitida por ley a unos pocos.

Sin muchas opciones, Kiela decide refugiarse en la isla donde nació, en los confines del reino. Allí espera poder proteger los libros y pasar desapercibida junto a su adorable ayudante: una planta cinta sintiente.

Pero vivir sin interactuar con nadie no será tan fácil, especialmente cuando su amable vecino insiste en asegurarse de que está bien.

Sin un plan claro, Kiela sabe que tendrá que ganarse la vida de alguna forma. Y la idea que se le ocurre es tan brillante como potencialmente desastrosa: vender mermeladas como tapadera para comerciar con hechizos que ayuden a la gente del pueblo. Claro que todo puede venirse abajo si alguien descubre lo que realmente está haciendo.

Un libro bonito

Como buen cozy fantasy, esta historia destaca por su calidez. Es, sobre todo, un relato sobre reconectar, encontrar un hogar y rodearte de pequeñas cosas que importan.

Y está lleno de elementos entrañables:

  • Una protagonista con la que es muy fácil empatizar: amante de los libros y poco amiga de salir.
  • Una planta parlante adorable y divertidísima.
  • Una casita en una isla remota.
  • Un pueblo lleno de gente amable.
  • Una panadería.
  • Criaturas mágicas.
  • Y, por supuesto, hechizos y libros de magia.

El estilo de Sarah Beth Durst

Sara Beth Durst no hace filigranas al escribir, pero tampoco lo necesita. Su estilo es limpio, directo y muy efectivo para el tipo de historia que está contando: una historia ligera para pasar un rato amable.

¿Me ha gustado?

Sí, claro que me ha gustado. Pero no es un libro perfecto.

Hay tramas que no terminan de cerrar del todo, o que lo hacen de forma un poco conveniente. También aparecen elementos que no acaban de tener un papel claro, o personajes que entran y salen en momentos demasiado oportunos (o inoportunos) por el bien de la historia.

Aun así, nada de esto me ha molestado especialmente durante la lectura. Cuando leo cozy fantasy, lo hago por el ambiente, no porque espere una trama hilada de maravilla. Aunque, si lo está, siempre suma.

Eso sí, hay un detalle que me ha sacado un poco de la historia. Lo comento a continuación porque, aunque es bastante predecible y no demasiado relevante, puede considerarse spoiler.

Spoiler

En esta historia existen unas criaturas mágicas llamadas hipocampos que tienen problemas para reproducirse, y cuyos rebaños están disminuyendo. Antaño, los magos se encargaban de ayudar, pero ahora han dejado abandonadas a las islas exteriores y los rebaños de hipocampos están menguando en tamaño.

El protagonista masculino cuida de uno de estos rebaños, y es bastante evidente que Kiela, gracias a sus libros, encontrará la forma de ayudarlos.

El problema es cómo se resuelve esa escena. La sensación que transmite es algo así como: «venid aquí, hipocampos, y sed buenas chicas y portaros mientras os dejo embarazadas con un hechizo». Y, personalmente, me resultó incómodo.

Me da rabia porque era fácil de solucionar a nivel narrativo: bastaba con mostrar que los hipocampos deseaban reproducirse, o plantear el conflicto únicamente en torno al parto en lugar de la concepción.

¿Te la recomiendo?

Si te apetece una historia tranquila, bonita y reconfortante, sin duda.

Eso sí, no esperes mucha acción.

Un libro como La tienda de hechizos

Si te ha gustado La tienda de hechizos, te recomiendo El café de las leyendas. Y viceversa.

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